PARA REFLEXIONAR UN POCO

Por Mayra Armenta 

Ventanas clausuradas o enrejadas, asentamientos, armas de fuego, vecinos temerosos, muros llenos de pintura y letras que reflejan la tristeza, amargura y enojo hacia la sociedad. Niños y digo niños porque algunos tienen 8 años de edad y ya están postrados en una esquina tan propia, tan suya y mostrando la grandeza de ser y pertenecer a una pandilla.
¡Hola!, que palabra tan amena, ¿Cuántas veces la habrán escuchado?, se sorprenden y con la mirada hacia abajo algunas veces voltean la cara, otras responden con una sonrisa, otras ni siquiera voltean.
¿En dónde se esconde ese rostro lleno de nostalgia, esperanza con ganas de crecer y tener una oportunidad? Con la mano en la nariz, con una bolsa en la boca o un cigarro en la mano como forma expresiva de gritar ¡auxilio!, aquí estoy. ¿Alguien puede verme? Pocos, muchos deciden darse la vuelta, etiquetar por ser el reflejo de la vagancia y la delincuencia. Otros, ¿Por qué no afligirse por ellos, pero sin hacer nada? y los restantes que por cierto son muy pocos, deciden brindarles una esperanza, un sentido de vida y una oportunidad.
Detrás de esa mirada brillosa con necesidad de abrazos y palabras dulces, está y a veces hay, una familia inestable, tan llena de necesidades, donde se viven palabras hirientes, golpes, intensas crisis e inseguridad de mañana. ¿Cómo prestarle atención al hambre si es más grande la soledad y lo que la sociedad impone?
Las circunstancias de vida y del entorno de las familias está cargado de riesgos ambientales, casas abandonadas, destruidas, ¿áreas de juego?… ¿Qué es eso?, ¿Quién se preocupa por ello?

Es preocupante ver las calles llenas de niños solos, caminando en busca de un lugar en donde se sientan seguros. Ansiosos de recibir el cariño y el amor que clama en su interior. Una necesidad que encuentra alivio en las sustancias con la que aparentan llenar ese vacío, que cada vez en más grande, pero para ellos, no importa lo que se tenga que hacer con tal de conseguir su objetivo. ¿Y cual es este objetivo? Llenar un vacío.
¿Pero al pretender llenar el vacío éste se llena o se hace más grande?
Evadir es una realidad tan dura como lo puede ser estar sobrio y libre de drogas. ¿Será más duro estar inmerso en ellas? Así cada vez más son presas fáciles de las adicciones, de la violencia y de los males macro sociales que parecen no tener fin.
Que elegir, ¿vivir en la inconsciencia de las drogas o en la inconsciencia de la sociedad?
¿La culpa es del entorno, de esa familia que les tocó o de está sociedad?, ¿A quién culpamos?, a nadie y a todos.
¡Así decido que es mejor ocuparnos para acortar esas distancias!