El amor no es dolor – por Raquel Morales Andere

Las creencias tóxicas generan sentimientos negativos que crean hábitos y comportamientos poco hábiles, que fortalecen una imagen negativa y pensamientos que se convierten en patrones disfuncionales dentro de las relaciones.

Para la Dra. Gloria Noriega Gayol, fundadora del Instituto Mexicano de Análisis Transaccional, la codependencia –como el alcoholismo – es un problema que afecta el desarrollo de las familias, donde los roles de vida pueden ser transmitidos de una generación a otra. Su hipótesis plantea a la codependencia como un factor asociado a problemas como adicciones, violencia y maltrato infantil; ya que la codependencia dificulta ejercer un rol eficaz en el entorno familiar, propiciando conductas negativas y autodestructivas con los hijos y en la relación de pareja.

 

Hoy sabemos que el ejemplo que dan los padres a sus hijos puede afectar seriamente las decisiones que estos toman en la vida adulta. Hemos visto que los hijos de alcohólicos siguen ciertos patrones, prohibiciones o reglas tácitas; que incluyen  “no hable, no confíe,” y “no sienta”, como señala Claudia Black en su libro, “Esto no me pasará a mí”. Esta transmisión de roles a menudo ocurre con un niño que termina convirtiéndose en un alcohólico o en un codependiente casado con un alcohólico o adicto a las drogas.

 

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué repetimos inconscientemente lo que más nos duele?

 

Una vez llegó a mi consulta una mujer de 45 años que sufría una depresión severa, ya que su pareja tuvo un hijo con otra mujer. La situación era complicada porque ella también tenía hijos con este hombre, que a su vez estaba casado y tenía hijos con su esposa. Él la mantenía, ella lo obedecía. Ella actuaba de manera sumisa y permitió una serie de transgresiones que eran enfermizas, ante los ojos de cualquiera. ¿Cómo entender un amor tan enfermizo? La explicación es fácil, ella sentía la obligación internalizada de no ser feliz porque eso fue lo que aprendió cuando era niña.

 

Para cumplir ese mandato ella encontró a la pareja perfecta; un hombre violento, no disponible, celoso y narcisista. Como Rosa vivió una infancia muy dura, sufrió el abandono de su padre, la muerte de su madre, el maltrato de su abuela y muchas experiencias de sufrimiento que permanecieron en una relación llena de dolor y tensión. Ella veía normal lo que para otros resulta aberrante.

 

Yo sé que no todos vivimos casos tan extremos pero la realidad hace evidente que las personas que viven inmersas en relaciones destructivas desean romper ese círculo de dolor pero algo les impide moverse.

 

¿Qué les hace permanecer en una relación destructiva? 

 

El problema es muy complejo pero la raíz está en sus creencias. Estas personas muchas veces ignoran que la codependencia refleja un problema multidimensional, asociado con experiencias de amor adictivo, ligado a luchas de “poder” llenas de tensión. Para ellas los circuitos de placer están cruzados y por eso el amor es dolor. Sí, así como lo oyes. No están locos, no están mal. Simplemente tuvieron un aprendizaje diferente y como consecuencia de las disfunciones en el desarrollo del niño interior y del abuso emocional que sufrieron en la infancia; fracasan en sus intentos por desapegarse de un patrón abusivo.

 

Por ello, mientras no asuman su corresponsabilidad y se enfrenten con sus propias creencias. Mientras no estén dispuestas a romper la asociación entre su codependencia y los patrones aprendidos de violencia, abuso sexual, físico o emocional verán frustrados sus esfuerzos.